
Desarrollo Transpersonal Denia
enero 15, 2021
Gestión Emocional Denia
enero 18, 2021Sistemica Familiar Dénia
60.00€ (IVA incluido)
Una de las comprensiones nucleares que brinda la Terapia Sistémica familiar es que todos y cada uno de nosotros somos “hijos de nuestra familia”. Tal vez esto resulte obvio, pero lo cierto es que en la consulta terapéutica a menudo no es tenido en cuenta el hecho de que, cuando nacemos, no “venimos de la nada y caemos en medio de la nada”: tenemos unas “raíces” familiares con infinitas generaciones detrás de nosotros, cuyo origen se remonta a los inicios de la Humanidad misma.
La Terapia Sistémica Transpersonal es una vía terapéutica de autodescubrimiento y reconciliación profunda que, entre otras cosas, reconoce y acoge el equipaje heredado de nuestros ancestros. Nos pone en sintonía con nuestras íntimas herencias y heridas del pasado; con los sueños rotos y también con los que están por realizar, con nuestro padre y madre, a pesar de sus errores y aciertos; con las parejas que hemos tenido; con nuestra infancia e incluso con la vejez que nos acecha; con los vivos y también con los muertos, a quienes a menudo nos quedaron palabras por decir; con lo cognoscible y con lo incognoscible, con la Vida y con la Muerte…
La Terapia Sistémica Transpersonal es una puerta abierta al Misterio que trasciende la mente lógica y cuya apertura posibilita la maduración del nivel persona. Dicha vía propicia asimismo la integración interna a través del progresivo abrazo de aquello que duele mirar. Se dice que “crecer duele”. En este sentido, contemplar aquello que no nos gusta supone abrazar lo que en su día “tapamos” por no saberlo gestionar. Este camino de reconocer e integrar conlleva parejo el consiguiente ensanchamiento de nuestra identidad personal y el acceso a capas más profundas de consciencia.
En el ámbito de lo sistémico, lo “excluido” se ha venido conformando a lo largo de las generaciones del propio sistema familiar. Los seres humanos tendemos a soterrar en la sombra vivencias tales como pérdidas y duelos no del todo aceptados, parejas con las que la separación fue dolorosa o el amor no del todo consumado, personas hacia las que sentimos aversión o vergüenza, tragedias que dejaron heridas en el corazón o secretos difíciles de digerir. En definitiva, todo un catálogo de vivencias que, en su día, tanto nuestros antepasados como nosotros no fuimos capaces de gestionar.
Lo que no pudo ser reconocido en una generación, pasa a la siguiente. Así es como, por ejemplo, la tristeza de haber perdido a un hijo en la guerra puede ser experimentada por un miembro de generaciones posteriores, sin una aparente causa. Por este mismo impulso de re–conocimiento, las generaciones posteriores de grandes guerras y exterminios tienden a realizar trabajos humanitarios como compensación de la culpa de los perpetradores.
La palabra reconocimiento toma aquí especial relevancia, ya que en el momento que podemos mirar hacia lo que duele, nos tornamos capaces de reconocer a esa persona o hecho que es o fue fuente de dolor. Así es como funciona el amor: lo excluido se incluye y las partes, antes divididas, se reúnen dando paso a una sanadora integración.
La historia de la humanidad es un baile entre el dolor y el amor. Y tal historia está en realidad contenida en la íntima biografía de cada uno de nosotros.


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